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Mostrando entradas de abril 15, 2018

Se piró

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Entre La Paz y Federalismo había un hombre que jugaba con el fuego y no se quemaba. 15 años de experiencia y un perfume a pelo quemado. Vil creyente de las buenas y culebras vibras, Pachamama y rola el tabaquito hermano, Ahó, el universo annuakis y puto gobierno. Masticaba con la boca abierta y tenía un diente encimado. 55 segundos duraba su acto y 10 de caridá, jueves 12, 5 de la tarde, 37 grados centígrados, asfalto al punto para freír una papa. El fuego a los extremos de su palo empapado con gasolina de la verde. Ardían junto al sol, gozando del fulgor, calor y sudor, adrenalina y agitación. Huehuetéotl y yo. Lanza el fuego y lo toma con su mano izquierda, llueven cenizas, gotas de transpiración o lágrimas de emoción, el dios del fuego ha visto su acto, ha aplaudido y se ha puesto de pie, aquel anciano de miles de años con su brasero sobre la espalda. Felicita al muchacho, aquel ensimismado, pierde el control de su acto… arde en llamas y adiós.

Fortino Sámano

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Fortino Sámano, hombre hecho y derecho, capitán del Ejército Constitucionalista, acusado de un crimen que hoy en día la vista gorda es su solución. Fortino individuo con los pies en la tierra, aceptó con honor su destino: el fusilamiento. “No temo a la muerte porque la ley tiene que cumplirse; sabré morir como un hombre y sólo les pido que digan a mis amigos que me guarden un buen recuerdo”.   Un reportero del Demócrata consiguió entrevistar al condenado, a primera hora de la tarde el capitán comiendo con la madre y su esposa, fue entrevistado por el periodista, sin titubeos fue al grano con la primera y única pregunta: “¿Tiene usted algunas declaraciones que hacer a la prensa?”. Fortino asintió: “Sí, señor debo declarar a usted que aun cuando voy a morir mañana y me quedan pocas horas de vida, no tengo miedo a la muerte, pues sé que tarde o temprano debo morir; sólo me pesa dejar la vida por una calumnia de uno de los enemigos de nuestra causa, que me acusó de un delito que no h...

Nostán

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La hamaca se mece, el viento no está, se fue junto con todos los demás. Sólo ella y los otros objetos siguen en la misma escena del silencio. Los días largos y las noches espesas acaban poco a poco con la estufa guirpol, el ecsbocs de Ronaldiño o la alfombra dónde se vomitó Porfirio Diáz. Pero ahora todos están muy felices y contentos cómo Chuy y Mauricio. Ya no hay monigote que los toquetié ni que les den unos trancazos cuando se sientan descompuestos. Todos son felices ahora, ¿entiendes el peso de la palabra TODOS? ¡por favor ya no regresen!.