Hoy es un domingo soleado, húmedo. Tengo ganas de consentirlos. Te pregunto si se te antoja un caldito de pollo, me dices que sí. Sonrío porque yo también quiero, así que me pongo mi vestido favorito, chanclas, recojo mi cabello, tomo mi bolsa del mandado y me dirijo al mercado. Compro un manojo de cilantro, un chile poblano, una cebolla, una cabeza de ajo, apio, 2 muslos de pollo, 3 papas, 2 zanahorias, una calabaza, limón y aguacate. Pido medio kilo de tortillas y como siempre, me quejo de lo caro que está todo, pero está bien, porque lo mereces. Regresando a la casa, me paro en la esquina donde hay una ferretería que abre los domingos. Entro a ella, le comento a la señorita del mostrador que tengo un problema de ratas, bueno en realidad es sólo una rata, grande y asquerosa que ya nos tiene hartos. Sin decir nada me pasa una caja de aspecto colorido, algo que un niño podría confundir por una caja de dulces, pago $100 pesos, algo caro, pero eficaz según ella. M...
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